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Una acción puntual en una zona, sin planificar un conjunto de acciones en el territorio de una cuenca, puede crear una situación local óptima pero implicar también mayores riesgos de conflictos, diferenciación socioeconómica entre los que tienen acceso a infraestructura y los que no, entre los que están arriba y los que están abajo, y se corren riesgos de promover una mala adaptación o, por lo menos, una adaptación parcial de un grupo favorecido sobre otros aguas abajo. Dos ejemplos pueden ilustrar eso:
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La construcción de sistemas de riego históricamente ha sido una medida para enfrentar la variabilidad climática en el sector agrícola. Con mayor razón en un contexto de CC&VC, se busca acceso al riego para asegurar cosechas. Aunque el acceso a riego ofrece múltiples ventajas para los grupos que lo tienen, especialmente en contextos con oportunidades de mercado, si los sistemas de riego no son planificados como parte del consumo del agua en una cuenca se corren riesgos: el mismo “éxito” crea una mayor demanda de agua y puede causar mayores conflictos e inequidades en el acceso. Buscar eficiencias locales en el uso del agua de riego dentro de una racionalidad de cuenca, junto a formas de aprovechar la precipitación con información previa, serían caminos importantes de adaptación a una mayor variabilidad climática. Dicho en otras palabras, incrementar el acceso a riego puede ser una mala adaptación en situaciones de escasez y competencia, porque aumenta la presión sobre el recurso y el medio ambiente (Bates et a., 2008: 64).
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Las zonas de recarga de acuíferos identificados alrededor de la ciudad de Cochabamba pueden tener éxito en incrementar los flujos a las reservas de agua dulce debajo de la ciudad, pero si no hay una efectiva administración de los usos del agua subterránea o si está es contaminada por descargas, no se ve al agua superficial y subterránea de forma holística y las medidas pueden ser soluciones parciales.
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Si bien la gestión de cuencas no es la función de un agricultor individual, ni de su organización, ni de un gobierno local, ni de una entidad de apoyo, sino de las entidades públicas encargadas de la gestión de los recursos naturales y del agua, todos estos actores deberían preferiblemente trabajar desde una visión de cuenca y participar en la planificación del uso de los recursos a este nivel.
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